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La tentación argentina. Por Andrew Graham-Yooll |
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En el Museo de la Ciudad de Londres,
en la zona del Barbican, hay una vitrina en la que cuelga
una espada ceremonial presentada por la Corporation of
London al teniente general sir (luego vizconde) William
Carr Beresford por la toma de Buenos Aires en 1806. Para
los empresarios de la capital inglesa de entonces fue
una aventura digna de celebrar. Para los argentinos fue
una victoria que hizo historia. No siempre la aparente
derrota es percibida como tal cuando es vista desde ángulos
diferentes, y no siempre los triunfos en la política
y los conflictos son lo que aparentan ser. Todo hecho
histórico y político puede ser interpretado
de variadas formas.
En el 2006 se celebra el segundo centenario de la derrota
de la primera invasión inglesa, o británica
(si se toma en cuenta la variedad de nacionalidades de
la tropa). Fue lo que llamamos la Reconquista de Buenos
Aires, y lo fascinante de aquellas jornadas en la pequeña
ciudad colonial es cómo influyeron en los hechos
a lo largo de las décadas y, hasta el día
de hoy, en las situaciones más notables. Estas
van desde la percepción variable a través
de la investigación histórica hasta las
rivalidades más informales, como pueden ser las
futbolísticas. Así como Londres tiene ese
sable como símbolo y se celebra una expedición
por la acción pero cuyo resultado se ha preferido
olvidar, no es difícil hallar en la zona de San
Telmo, aun después de haberle pasado a la zona
varias aplanadoras inmobiliarias, las señas de
esas invasiones. Y más al sur, en Bernal, quedan
algunas huellas en lo que fue la quinta de la familia
Santa Coloma, ocupada como cuartel general por el general
John Whitelocke en 1807. También hay un cuadro
de Fortuny en el Museo de Luján que representa
a Whitelocke con su estado mayor en la galería
de la casa.
Sin embargo, hay que mirar a las dos expediciones, la
de 1806 y la de 1807, de formas muy diferentes. En la
primera, el Reino Unido estaba aislado, si bien no derrotado,
en Europa. Había vivido la victoria del almirante
Horatio Nelson en la batalla de Trafalgar, el 21 de octubre
de 1805, hecho que instaló la supremacía
naval de la armada real, la Royal Navy, por más
de un siglo, pero el bonapartismo aún lograría
excluir a los británicos de Europa hasta la derrota
final de Napoleón en Waterloo en 1815.
En las circunstancias de 1806, el gobierno británico
buscó asestar golpes al poderío napoleónico
en territorios alejados, en las colonias de ultramar de
las monarquías dominadas por el imperio francés.
Dentro de esa política, el almirantazgo británico
envió una flota al sur de Africa para tomar la
colonia holandesa del Cabo. La toma fue una simple ocupación,
casi sin resistencia, y los jefes de la expedición
se hallaron con tropa fresca que no había visto
acción alguna. En esa situación, fue sir
Home Riggs Popham, brillante marino, geógrafo y
astrónomo, que, equipado del chismerío de
viajeros charlatanes sobre la potencial riqueza hallable
en los territorios españoles del Río de
la Plata, convenció al comandante del ejército
de tierra, el general Baird, que le permitiera llevarse
una fuerza menor, al mando de Beresford, a esa región
cruzando el Atlántico sur. Es así que la
primera expedición fue, en su origen y ejecución,
una aventura personal, con vistas al enriquecimiento individual,
de Popham, Beresford, Pack y otros, con participación
prometida a Baird.
En 1807, Whitelocke fue severamente criticado por abandonar
la expedición y rendirse sin volver a atacar Buenos
Aires desde la plaza segura de Montevideo. Tenía
tropa fresca aún en la Banda Oriental. Fue expulsado
del ejército, pero escapó al pelotón
de fusilamiento por ser considerado mal nacido de buena
semilla, es decir, hijo natural de un miembro de la aristocracia,
y entre parientes no podía haber ejecuciones. Lo
que sí dejó impreso fue su opinión
de la tentación ofrecida por estas tierras, la
facilidad de vida que ofrecía la potencial riqueza,
y la corrupción del compromiso (del ejército
invasor, en este caso) que amenazaba la vida en el Río
de la Plata: Cuanto más conocen los soldados
la abundancia que ofrece este país y la facilidad
con que se puede adquirir, mayor será el mal, dado
que la tentación que ofrece esta tierra es irresistible.
Estas líneas pertenecen a Ocupación y reconquista
(1806-1807). A 200 años de las Invasiones Inglesas,
el libro de Andrew Graham-Yooll que se presenta, con la
presencia del autor y de Rosendo Fraga, el jueves 10 de
agosto a las 19 en la librería Cúspide del
Village Recoleta (Vicente López y Junín). |
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