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A 200 años de la primera de las cinco ¿o
seis? Invasiones Inglesas (24-06-2006) |
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Por Carlos
Andrés Ortiz (*)
En junio de 1806 se produjo el desembarco de las tropas
británicas que significó el comienzo de
la primera invasión militar anglosajona en el actual
territorio argentino.
Inicialmente exitosa, dicha invasión fue al poco
tiempo enfrentada y vencida por la resistencia de la población
local, en un levantamiento armado que según
historiadores revisionistas- unió a españoles,
criollos (hijos de españoles nacidos en este suelo),
población nativa e incluso esclavos.
La osada aventura militar fue repetida por los británicos
un año después, en julio de 1807, oportunidad
en la que fueron repelidos y rápidamente derrotados,
pues ya existía una milicia propia de cuya
formación nacería el Ejército Argentino
pocos días después del Cabildo Abierto de
1810.
Varios motivos históricos muy particulares estimularon
al Imperio Británico a emprender las invasiones
de 1806 y 1807. Por una parte, el Imperio estaba deseoso
de conquistar otras colonias que lo compense de la pérdida
ya irreversible de las colonias de Norteamérica.
Por otra parte, España estaba bajo dominio de la
Francia de Napoleón, por lo que no estaba en condiciones
de emprender una expedición punitiva contra las
tropas invasoras inglesas. Pero además, el bloqueo
continental que Napoleón impuso contra los buques
británicos, había afectado profundamente
a la economía de la industrializada nación
isleña, que había perdido el fácil
acceso a las materias primas y a los mercados compradores
de la Europa Continental. Y también, las tareas
de inteligencia previa a las invasiones de los británicos,
habían llegado a la errónea conclusión
que la mayoría de la población de las Provincias
Unidas del Río De La Plata vería con buenos
ojos la llegada de los supuestos libertadores.
Pero resulta que la Historia Oficial que nos
enseñaron en las escuelas primarias y secundarias,
habla solamente de las dos invasiones inglesas, omitiendo
todos los otros actos de agresión de La Rubia
Albión (el Imperio Británico) contra
la Nación Argentina.
La Historia Oficial, la defendida por la línea
academicista (responde a la Academia Nacional de
la Historia), fue la iniciada por Mitre y apoyada por
El Régimen de los vencedores de Caseros.
Además del propio Bartolomé Mitre, otros
nombres de esta corriente histórico doctrinal son
los de Paul Groussac, Ricardo Levenne, Vicente Fidel López,
y en nuestros tiempos García Hamilton, entre otros.
Y esas curiosas omisiones no son casuales,
pues se entroncan profundamente con la concepción
político económica de los unitarios, después
devenidos en políticamente conservadores y económicamente
ultraliberales, que han manejado la conducción
argentina en prácticamente las tres cuartas partes
de la aún breve Historia Argentina.
Más allá de las verdaderas agresiones diplomáticas
sutilmente manejadas por los británicos como
Lord Ponsonby- y por sus agentes nativos cipayos como
Rivadavia-, que ocasionaron las escisiones de la Banda
Oriental y el Alto Perú (Uruguay y Bolivia respectivamente);
durante los dos períodos de gobierno de Don Juan
Manuel de Rosas y su interregno, la Confederación
Argentina soportó tres agresiones armadas consecutivas.
La Historia Oficial academicista apenas menciona
como al pasar la invasión de las Islas Malvinas,
concretada por la fragata Clio, cuyos marineros expulsaron
al Gobernador de Malvinas Luis Vernet, puesto en su cargo
por la Confederación Argentina.
Pero en cambio la misma Historia Oficial prácticamente
omite los dos prolongados bloqueos navales del Río
De La Plata, impuestos para doblegar a la Confederación
Argentina, que defendía la soberanía en
nuestros ríos interiores y las protecciones aduaneras
a nuestras producciones.
Esos dos bloqueos navales, en la óptica de los
unitarios liberales, fueron hechos menores
sin importancia, e incluso para algunos deben
ser agradecidos, pues fueron hechos contra el tirano
sangriento, dejando de lado esos sofistas
de La Historia que el propio Padre De La Patria se ofreció
por cartas enviadas a Rosas para luchar del lado de La
Confederación, e incluso en reconocimiento le obsequió
al Restaurador De Las Leyes la espada que empuñó
en la Campaña Libertadora de Los Andes.
El primer bloqueo naval fue realizado por la Escuadra
Francesa, entre 1838 y 1840. Si bien Gran Bretaña
no intervino, pues su flota de guerra estaba ocupada destrozando
la resistencia del decadende Imperio Chino; el cual ya
estaba fuertemente afectado por la corrupción generalizada
y por el consumo de opio impuesto por los colonizadores;
no obstante ello es fácil percibir tras bambalinas
la instigación británica a la agresión
de los galos, pues éstos estaban ansiosos de vanagloria
ante los pueblos salvajes de Sudamérica,
posiblemente para levantar la alicaída moral del
pueblo francés ante el papel de segundón
que la antes orgullosa Francia desempeñaba en ese
momento con relación a Gran Bretaña.
Con escasos resultados prácticos, el primer bloqueo
naval se diluyó sin pena ni gloria.
El segundo bloqueo naval fue realizado por las escuadras
combinadas de Gran Bretaña y Francia, entre 1845
y 1848.
Los agresores llegaron a forzar el paso del Paraná,
en la pírrica victoria que obtuvieron en la Vuelta
de Obligado, en la cual y en los combates posteriores
nuestros patriotas les hicieron pagar un alto precio,
de forma tal que debieron retirarse con numerosas bajas
y con importantes pérdidas materiales.
Con este segundo bloqueo naval se completan cinco agresiones
armadas en el siglo XIX.
Pocos años después, a comienzos de 1852,
lo que los británicos no pudieron con la fuerza
de las armas, lo lograron con las conspiraciones político
diplomáticas. A la traición de Urquiza,
se sumaron las tropas brasileñas y el grueso de
los unitarios exiliados en La Banda Oriental, en actos
de verdadera traición a la Patria, pues de hecho
lucharon contra la Confederación y a favor del
separatismo de la Banda Oriental y de la pérdida
de vastos territorios al este del Río Uruguay,
en el actual sur brasileño.
Vendría después el medio siglo de incorporación
tácita de Argentina al hinterland británico,
desde la Presidencia de Mitre en 1862 hasta el triunfo
popular y nacional que significó la victoria electoral
de Yrigoyen en 1816.
Después, durante la década infame,
en 1935 el Vicepresidente Julito Roca exclamaría
exultante en un agasajo realizado en Londres: La
Argentina es la joya más preciosa de la Corona
de su Majestad Británica. Semejante bofetada
a los sentimientos nacionales fue expresada al firmarse
el Pacto Roca Runciman, el mismo que Jauretche
con filosa precisión llamó el estatuto
legal del coloniaje.
La última agresión británica fue
la respuesta a la temporaria recuperación de nuestra
soberanía sobre los archipiélagos australes:
Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, perpetrado
en 1982; todavía de fresco y doloroso recuerdo
para los argentinos.
Es notable como cierta prensa cipaya y los mercenarios
del periodismo, insisten en descalificar el legítimo
intento de recuperación de la soberanía
argentina en los Mares Australes, incluso enfatizando
los beneficios que en esa óptica-
aportó la derrota de las fuerzas argentinas, al
provocar la caída del desgastado y deplorable proceso,
comenzado por Videla y sus acólitos militares y
civiles.
La absoluta falta de planes alternativos ante la previsible
agresión británica, desnudó hasta
que punto llegó el grado de confusión mental
de las conducciones de las Fuerzas Armadas Argentinas,
que habiendo sido peones dóciles de los designios
del imperio de turno, se creyeron sus aliados.
Hasta se habrían desechado importantes ofertas
de armamentos, que hubiesen podido completar la eficiente
tarea de desgaste y destrucción realizada por la
Fuerza Aérea Argentina y la Naval; sumada a la
resistencia en muchos casos heroica de muchos combatientes
de las tres armas; pues quienes conducían el país
y la guerra, entre la defensa de La Patria y los difusos
valores de la civilización libre, occidental,
y cristiana ,optaron por estos últimos,
aún a costa del sacrificio aparentemente estéril
de nuestros jóvenes y de la derrota de nuestras
fuerzas. ¡Pero que otra cosa podía esperarse
de quienes condujeron los primeros años del mayor
proceso de destrucción socio económica de
Argentina, crudamente complementados por las
presidencias posteriores a lo largo de tres décadas!
En los últimos años, la tarea de lavado
mental de nuestros jóvenes está siendo complementada
por el disolvente accionar de las organizaciones ultraecologistas,
las neo fuerzas de choque de los intereses globalizadores
y claramente antinacionales. ¡Pero esa ya es otra
parte de La Historia!
(*) Carlos Andrés Ortiz
Ex docente universitario Investigador de temas
económicos, energéticos, geopolíticos
y ambientales.
Cursante de la Maestría en Gestión de la
Energía
Este artículo contiene conceptos y un párrafo
textual del libro en curso de redacción Geopolítica
del Desarrollo, del mismo autor. |
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