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Los Tucumanos en las Invasiones Inglesas
  En el marco de la celebración por el Bicentenario de la primera Invasión Inglesa, la Junta de Estudios Históricos de Tucumán rindió homenaje a los tucumanos que tuvieron actuación en dichos acontecimientos y los posteriores de 1807.
El lugar elegido fue la Casa Histórica de la Independencia y se efectuó frente al óleo de doña Agueda Tejerina de Posse, ilustre Patricia tucumana, autora de la famosa proclama de la mujer tucumana frente a las Invasiones Inglesas, que suele citarse como ejemplo de pasión patriótica.
Presidió el acto la directora del Museo Lic. Patricia Fernández Murga, la presidenta de la Junta de estudios Históricos Teresa Piossek Prebisch, quien abrió el acto con palabras alusivas a la actuación de doña Agueda Tejerina, luego el historiador Ventura Murga leyó un discurso sobre los antecedentes de las dos invasiones.
En nombre de los descendientes de la homenajeada, habló el doctor José María Posse quien manifestó lo siguiente:
"…Hacía falta, quizás, un hecho que sacudiera los oxidados cimientos para despertarnos de la modorra colonial. Las Invasiones Inglesas al Río de la Plata fueron el acicate que nos reveló un destino posible".
"Muchas veces creemos que el patriotismo se demuestra en las grandes gestas, o en las épicas batallas. Poco hemos valorado que el verdadero patriotismo se exterioriza en aquellos hechos cotidianos, por pequeños que parezcan, en el desprendimiento de lo que no nos sobra, en la conducta cotidiana".
"Tampoco se ha dimensionado el rol de la mujer en la construcción de la patria nueva. Aquella silenciosa compañera que curó heridas, remendó la ropa hecha jirones de sus hijos que servían en los improvisados ejércitos, que fueron consejeras, paño de lágrimas, cuando no feroces servidoras de un noble ideal. Todas, desde el lugar que les tocó en suerte, fueron puntales imprescindibles de nuestros padres fundadores".
"Doña Agueda, por dar un ejemplo, impuso su condición femenina en arengas a sus conciudadanas, demostrándoles que no podían sentirse de menor condición a la de sus maridos e hijos. Fue así como encabezó un movimiento cívico que regimentó las tropas tucumanas que fueron a apoyar a los porteños coaccionados por el yugo británico".
Doña Agueda nació en San Miguel de Tucumán, hacia 1768. Era hija de don Fermín Tejerina y Barreda, alcalde del Cabildo, y de doña María Teresa Domínguez, ambos personas de familias antiguas y destacadas.
Esta dama caritativa y piadosa, sin duda no imaginó que al casarse en 1783 con don Manuel Posse, su matrimonio se convertiría en el núcleo inicial de una de las familias de mayor gravitación en Tucumán durante el siglo XIX y comienzos del XX.
La familia de doña Agueda configuraba un unido clan, característica que ella trasmitiría a su descendencia. Pero, más allá de los vínculos de sangre, la ilustre patricia ingresaría a la historia en su condición de autora de una famosa "proclama" a la mujer tucumana frente a la segunda incursión inglesa en el Río de la Plata, en 1807.
Buenos Aires había rechazado la primera invasión británica, en 1806, pero la corona inglesa armó al año siguiente una poderosa escuadra, con la que procedería a bloquear el Río de la Plata, mientras desde la plaza fuerte de Montevideo, un veterano ejército amenazaba a Buenos Aires.
La capital del Virreinato debió, entonces, afrontar un problema arduo dada la escasez de tropas experimentadas y los apuros del tesoro real. De allí que giró a toda su jurisdicción un desesperado pedido de ayuda. Fue el Cabildo de Tucumán uno de los primeros en responder al llamado. Ofreció considerables refuerzos en materia de hombres, armas y bastimentos. Pero a poco andar, se apercibieron de las dificultades para costear el aporte, dado que los fondos locales aún no habían podido rehacerse de los gastos que significó la ayuda ya enviada en 1806 para resistir la primera invasión.
Cavilando cómo superar el trance estaban, cuando dice Alberto Lacavera, "el corazón inspirado y grande de una dama providencial contribuyó a salvar la situación, obligando a la posteridad a perdurarle gratitud: esa mujer excepcional, orgullo de su sexo y ejemplo de virtudes cívicas, fue doña Águeda Tejerina de Posse".
Ella "segura de su ascendiente personal y confiada en el prestigio social que le granjearan sus méritos indiscutibles, en una proclama fulgurante de civismo invocó, en cálidas y tocantes palabras, el patriotismo de las damas tucumanas".
Doña Agueda, "espíritu acicateado por la situación que conmueve al país, no se dio con esto por satisfecha", sino que "salió a la calle y haciendo sonar el "fru fru" de sus enaguas fue de casa en casa levantando una colecta..."
El éxito de la suscripción realizada entre las señoras superó las mayores esperanzas. La vibrante exhortación de doña Agueda había conmovido hondamente a los estamentos directivos de la sociedad tucumana.
Damas del vecindario principal, como Agueda y Josefa Aráoz, Josefa Tejerina, María Elena y María Mercedes Alurralde, Josefa y Dolores Molina, Mercedes Aráoz de La Madrid, entre otras, respondieron a la convocatoria de la proclama.
Gracias a esto, Tucumán logró equipar y enviar hacia la capital un contingente muy significativo de tropas: unos 1.600 hombres, constituyendo siete compañías de soldados, cuyo equipo y armamento habían sido posibles gracias a la suscripción popular.
El Cabildo de Buenos Aires, al agradecer esa colaboración, destacaría la importancia del gesto de la señora de Posse.
La tradición familiar afirma que doña Agueda Tejerina, por otro lado, contribuyó con la venta de sus joyas a la formación del Ejército de los Andes, de San Martín. Fue una mujer de carácter, llena de recia determinación. Presidió, como figura venerable, todos los acontecimientos familiares de la gente de su apellido.
El pintor Amadeo Gras pintó su retrato, en un óleo gemelo con el de don Manuel. Se aprecia allí el rostro agraciado, lleno de distinción, de esta dama de tanta prominencia social, tocada con su clásico peinetón. Una mirada apacible pero resuelta, fluye a través de sus ojos verdes.
Doña Agueda Tejerina de Posse falleció en Tucumán el 29 de julio de 1857.
El de hoy resulta un día propicio para recordar aquellos gestos, que por pequeños que puedan parecer, resultaron indispensables a la hora de enfrentar los peligros de aquella utópica aventura por convertirnos en un país libre y soberano”.

La proclama de una patriota
Fechada en San Miguel de Tucumán, el 10 de marzo de 1807, el texto de la proclama manifestaba, entre otras cosas, lo siguiente: "…Aunque la honestidad del sexo nos excluye de la comparecencia personal al socorro de Buenos Aires, no por eso niega otros recursos para demostrar que nuestros deseos se nivelan con los que han dado a luz los nobles ciudadanos del pueblo…" "Un solo golpe resta para que el enemigo inglés posesionado en la Capital de Buenos Aires continúe sus hostilidades al interior del Reino para que después de sus porfiados ataques se haga dueño de nuestro Patrio suelo, de nuestros dominios y propiedades y que enarbolando sus banderas, suelte el freno al despotismo y rigor, promulgando leyes de severidad y espanto. En un solo salto consiste en que veamos con dolor perturbada la religión santa con que nos educaron nuestros padres, pues la sangrienta y atrevida mano de ese enemigo le pone también de blanco de sus injustos tiros". "Con este concepto, nuestro amado jefe inmediato tiene prevenido al comandante de armas, el apresto de doscientos hombres". "En este estado ocurre la circunstancia de que las arcas Reales se hallan sin existencias y nuestro Ilustre Ayuntamiento, con su noble vecindario haciendo suya la causa, se ofrece gustoso a costear los doscientos hombres hasta la Capital de Buenos Aires, uniformarlos y darles dos meses de sueldo adelantado." "Todos al efecto han contribuido varias sumas a proporción de sus facultades…, en menos de cuatro días ya tenemos ochenta y tantos voluntarios, los más esforzados y elegidos a satisfacción del comandante de armas." "Hemos visto que aún los niños de diez años concurrieron en tropel a ofrecerse voluntarios: y que los más infelices han hecho demostraciones de verdaderos compatriotas oblando alguna suma entre la indigencia que les oprime". "Tucumanas, nuestro sexo jamás puede reputarse de menor condición en esta parte, y así es preciso que expliquéis nuestros sentimientos suscribiéndoos a continuación por las sumas que queráis oblar, que yo me suscribo por la de cincuenta pesos".
A ruego de mi señora Madre doña Agueda Tejerina.
José Víctor Posse

Fuente: www.elsigloweb.com


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