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Cornelio Saavedra (1759 - 1829) |
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Cornelio
Judas Tadeo Saavedra nació en la Villa Imperial
de Potosí el 15 de Septiembre de 1759. Las difíciles
condiciones climáticas de aquella zona llevaron
a la familia Saavedra a regresar a Buenos Aires, de donde
era oriundo el padre, Don Santiago de Saavedra.
Cornelio cursó estudios en el Real Colegio de San
Carlos destacándose por su inclinación por
la filosofía. Pero no pudo concluir sus estudios
y tuvo que dedicarse a las tareas rurales.
En 1797 inicia su carrera en la función pública
como regidor. Su destacada actuación le valen,
dos años más tarde la designación
de procurador y en 1801, la de alcalde de primer voto.
Las invasiones inglesas parecen descubrir en Saavedra
una nueva vocación: la militar. Dice en sus memorias:
"Este fue el origen de mi carrera militar. El inminente
peligro de la patria; el riesgo que amenazaba nuestras
vidas y propiedades, y la honrosa distinción que
habían hecho los hijos de Buenos Aires prefiriéndome
a otros muchos paisanos suyos para jefe y comandante,
me hicieron entrar en ella."
Durante las invasiones inglesas el cuerpo de Patricios,
el más importante de la capital virreinal, lo eligió
como comandante. Desde 1808 participó en las reuniones
de la jabonería de Vieytes y en la casa de Rodríguez
Peña, en la que se destacaba por su moderación
y una prudencia que a muchos de sus compañeros
les resultaba excesiva. Cumplió un papel destacado
en los hechos de mayo. En la reunión de comandantes
del 20 de mayo negó su apoyo a Cisneros. Dos días
después, en el Cabildo Abierto del 22, votó
a favor de la destitución del virrey.
Fue designado presidente de la Junta formada el 25 de
Mayo, pero su nuevo cargo no parecía agradarle
demasiado, según lo cuenta en sus memorias:
"Con las más repetidas
instancias, solicité al tiempo del recibimiento
se me excuse de aquel nuevo empleo, no sólo por
falta de experiencia y de luces para desempeñarlo,
sino también porque habiendo dado tan públicamente
la cara en la revolución de aquellos días
no quería se creyese había tenido particular
interés en adquirir empleos y honores por aquel
medio. A pesar de mis reclamos no se hizo lugar a mi separación.
El mismo Cisneros fue uno de los que me persuadieron aceptase
el nombramiento por dar gusto al pueblo. Tuve al fin que
rendir mi obediencia y fui recibido de presidente y vocal
de la excelentísima Junta (...) Por política
fue preciso cubrir a la junta con el manto del señor
Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo
de él expedía sus providencias y mandatos."
El presidente Saavedra chocará muy pronto con su
secretario de Guerra y Gobierno, Mariano Moreno.
Moreno encarnaba el ideario de los sectores que propiciaban
algo más que un cambio administrativo, se proponían
cambios económicos y sociales más profundos.
Pensaba que la revolución debía controlarse
desde Buenos Aires.
Saavedra en cambio representaba a los sectores conservadores
favorables al mantenimiento de la situación social
anterior y era partidario de compartir las decisiones
de gobierno con las otras zonas del territorio.
El 5 de Diciembre de 1810 se produjo una fiesta en el
regimiento de Patricios. Uno de los asistentes que había
tomado algunas copas de más, el capitán
Atanasio Duarte, propuso un brindis "por el primer
Rey y Emperador de América, Don Cornelio Saavedra"
(jefe del regimiento) y le ofreció una corona de
azúcar que adornaba una torta a doña Saturnina,
esposa de Saavedra.
Al enterarse del episodio el secretario Moreno decretó
el destierro de Atanasio Duarte diciendo que
"... un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido
debe tener expresiones contra la libertad de su país";
prohibe todo brindis o aclamación pública
a favor de cualquier funcionario y suprime todos los honores
especiales de que gozaban los miembros de la junta. La
pelea entre Moreno y Saavedra estaba desatada.
Moreno preocupado por los sentimientos conservadores que
predominaban en el interior, entendió que la influencia
de los diputados que comenzaban a llegar sería
negativa para el desarrollo de la revolución y
se opuso a su incorporación al ejecutivo. triunfó
la posición encabezada por Saavedra y Moreno se
vio obligado a renunciar y a alejarse del país
encabezando una misión diplomática en diciembre
de 1810. Murió misteriosamente en alta mar el 4
de marzo de 1811.
Ante la desaparición de Moreno, Saavedra creyó
ver fortalecido su poder. El 5 y 6 de abril los saavedristas
Joaquín Campana y Tomás Grigera movilizaron
a los sectores suburbanos hacia la Plaza de la Victoria
con el apoyo de los Patricios, los Pardos y Morenos contra
el sector morenista de la Junta. A las tres de la mañana
entregaron un petitorio en el Cabildo que decía
entre otras cosas: "El
pueblo de Buenos Aires desengañado a vista de repetidos
ejemplos, de que no sólo se han usurpados sus derechos,
sino que se trata de hacerlos hereditarios en cierta porción
de individuos, que formando una fracción de intriga
y cábala, quieren disponer de la suerte de la Provincias
Unidas, esclavizando a las ambiciones de sus intereses
particulares la suerte y la libertad de sus compatriotas".
Se proponían deponer al sector morenista y crear
un ejecutivo fuerte en manos de Saavedra. Pero Saavedra
no aceptó el mando y cuenta en sus memorias "Pedí,
supliqué y renuncié todos mis cargos, incluso
el grado e Brigadier" Pero se llegó
a una transacción seguramente sugerida por el Deán
Funes: Vieytes, Rodríguez Peña, Larrea y
Azcuénaga marcharían al destierro y serían
reemplazados por tres saavedristas, Campana entre ellos,
el regimiento de la Estrella sería disuelto y su
Jefe, Domingo French confinado, como no podía ser
de otra manera junto a Antonio Beruti. Saavedra continuaría
como presidente de la Junta. Pero el desastre de Huaqui
en el Alto Perú precipitó las cosas. Saavedra
debió marchar al Norte a fines de agosto de 1811
y su ausencia fue aprovechada por sus adversarios. A los
ocho días de haber llegado a Salta se le hizo saber
su separación del ejército y de la presidencia
de la junta, y se le ordenó entregar las tropas
a Don Juan Martín de Pueyrredón. El sector
morenista recupera el control de la situación y
crea un nuevo poder ejecutivo: el Triunvirato.
El 6 de diciembre de 1811 los patricios se sublevaron
en defensa de su antiguo jefe. Piden que vuelva Saavedra
y que renuncie el coronel Belgrano, designado como nuevo
comandante del regimiento.
El triunvirato arma una doble estrategia, por un lado
negociar y por otro rodear el cuartel para intervenir
en cualquier momento. Hubo varios mediadores entre ellos
Juan José Castelli, el orador de la revolución,
que estaba arrestado en el propio cuartel tras haber sido
sometido a juicio por la derrota del Desaguadero. También
medió el vehemente adversario de Castelli en el
debate del Cabildo Abierto del 22 de mayo, el Obispo de
Buenos Aires Benito Lue y Riega y el Obispo de Córdoba,
Rodrigo de Orellana. Pero todo fue inútil, los
Patricios se mantenían firmes en sus demandas.
Uno de los amotinados, el soldado de origen inglés
Richard Nonfres en un rapto de exaltación comenzó
a proferir insultos y disparó un cañonazo
contra las tropas que estaban apostadas frente al regimiento.
Cuenta Domingo Matheu que "...un
maldito inglés, soldado del cuerpo, pegó
fuego a un obús cargado a metralla y mató
a uno e hirió a seis".
La respuesta no tardó en llegar. El saldo del combate
fue de 8 muertos y 35 heridos. Pero Rivadavia y el Triunvirato
no iban a dejar las cosas así. Instruyeron un proceso
sumario. Por "razones de seguridad" fueron expulsados
los diputados del interior. El Deán Funes fue detenido
sospechado de complicidad con los rebeldes. Los implicados
negaron durante el juicio toda intención política
y recordaron sus planteos iniciales. Pero nadie les creyó
y en la sentencia se hablaba de un "movimiento popular
que se tramaba"
A veinte de los implicados se los condenó a cumplir
penas que iban de cuatro a diez años de prisión
en Martín García. Once sargentos, cabos
y soldados fueron fusilados a las ocho de la mañana
del 10 de diciembre de 1811 y sus cuerpos colgados en
la Plaza de la Victoria "para la expectación
pública". Entre los muertos estaba el inglés
Ricardo Nonfres, quizás el autor del primer disparo
de una guerra civil que iba a durar casi 60 años.
Esta derrota selló la suerte de Saavedra. con rumbo
a Salta con el objetivo de reorganizar el ejército
del Norte tras la derrota de Huaqui.
Se intentó confinarlo en San Juan, pero, alertado
a tiempo, Saavedra cruzó la cordillera de los Andes
y arribó a Chile acompañado por su hijo
Agustín de 10 años. En 1814 decidió
volver a la patria ante la cercanía de los ejércitos
realistas que amenazaban Coquimbo. Mientras volvía
a cruzar la cordillera, su esposa Doña Saturnina
Otárola apela al gobernador intendente de Cuyo,
José de San Martín para lograr el reingreso
de su marido. San Martín accedió fijándole
residencia en San Juan. Saavedra fue enviado escoltado
hacia Buenos Aires para estar presente en el juicio que
se había iniciado y tras la revolución del
15 de abril de 1815, el Cabildo le devolvió su
grado militar. Sin embargo al asumir el poder Alvarez
Thomas el cargo de Director Supremo lo conminó
a abandonar Buenos Aires e instalarse en Arrecifes.
En 1818 el Congreso Constituyente puso término
a las causas en su contra y el director Pueyrredón
dictó un decreto confiriéndole el empleo
de brigadier general de los ejércitos de la Nación,
con una antigüedad retroactiva al 14 de enero de
1811.A fines de ese año fue designado Jefe de Estado
Mayor, en reemplazo del general Antonio González
Balcarce, que había marchado a incorporarse al
ejército libertador de Chile. Desempeñando
ese cargo inspeccionó las tropas en Santa Fe, Martín
García y en Luján y concretó negociaciones
de paz con los indios ranqueles.
Durante el período de la anarquía se retiró
a Montevideo, de donde regresó al constituirse
el gobierno de Martín Rodríguez, en octubre
de 1820. En 1822 se le otorgó el retiro absoluto
del ejército. Siendo ya un anciano ofreció
sus servicios en ocasión de la guerra con el Brasil.
El gobierno, por medio del ministro de guerra, Coronel
Marcos Balcarce, le hizo saber que agradecía el
ofrecimiento y que, llegado el caso, sería aceptado
con la consideración que se debía a su avanzada
edad. Murió en Buenos Aires el 29 de marzo de 1829.
En Diciembre de ese año el gobernador de Buenos
Aires, Juan José Viamonte, trasladó los
restos de Saavedra a la Recoleta y le brindó un
homenaje. En el decreto decía: "El
primer comandante de Patricios, el primer presidente de
un gobierno patrio, pudo sólo quedar olvidado en
su fallecimiento por las circunstancias calamitosas en
que el país se hallaba; pero después que
ellas han terminado, sería una ingratitud negar
al ciudadano tan eminente el tributo de honor debido a
su mérito y a una vida ilustrada con tantas virtudes
que supo consagrar entera al servicio de la patria."
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