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Brigadier Santiago de Liniers y Bremond |
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Nació
en Niort, en la antigua provincia de Poitou, hoy capital
de Deux-Sèvres, Francia, el 25 de julio de 1753.
Su padre fue Santiago José Luis de Liniers, Subrigadier
de Guardias Marinas y señor de Cran-Chaban; su
madre, Enriqueta Teresa de Bremond. Ambos eran de puro
linaje provinciano y pertenecían a la aristocracia
militar. Recibió sus primeras letras de los padres
del oratorio de Niort y, a los doce años, se decidió
por la carrera militar, la que, según la tradición
familiar, cursó en la Soberana Militar Orden de
Malta, llamada también San Juan de Jerusalén.
Después de tres años de permanencia en Villeta,
habiendo participado en alguna expedición contra
los piratas berberiscos, dejó la isla. Regresó
a su patria condecorado con la Cruz de Malta. Había
decidido ingresar en la Marina, pero luego optó
por la Caballería.
Como Subteniente del Regimiento de Royal Pièmont,
en 1768 partió hacia Carcassonne, asiento de esa
unidad, donde permaneció seis años. Por
entonces tuvo conocimiento de que la España borbónica
había iniciado una expedición contra los
piratas moros que asolaban las costas del Mediterráneo.
El Pacto de Familia de 1761 le permitía intervenir
en las empresas militares de los españoles con
iguales derechos y obligaciones que éstos, pese
a ser francés.
Se trasladó entonces a Cádiz, ingresó
en la armada española y, en mayo de 1775, fue destinado
como oficial al puerto de Cartagena. Allí integró
la flota de Pedro González Castejón, con
46 buques y 28.000 tripulantes bajo las órdenes
del General irlandés Alejandro O´Reilly.
Fue asignado al navío "San José"
como edecán del príncipe Camilo de Rohan.
La escuadra zarpó de Cartagena con destino a Argel,
lugar al que atacaron a comienzos de julio. Habiendo regresado
a la península, ingresó en la Real Compañía
de Caballeros Guardias Marinas en noviembre de ese año.
En marzo de 1776, con los despachos de Alférez
de Fragata, participó del patrullaje naval del
Mediterráneo. El 3 de noviembre de 1776, zarpó
de Cádiz integrando la escuadra que comandaba Pedro
de Cevallos con destino al Río de la Plata. Liniers
actuó a bordo del bergantín "Hoope",
asistiendo a la toma de Santa Catalina, Maldonado, Montevideo,
Colonia del Sacramento e Isla de San Gabriel. Ésa
había sido la máxima experiencia de su carrera
hasta entonces y le significó el ascenso a Alférez
de Navío el 23 de mayo de 1778. Regresó
con la flota a España, donde arribó en agosto
de ese año. Inició, casi de inmediato, el
período más intenso de su carrera, cuando
la alianza franco-española movilizó a la
flota contra el Imperio Británico.
Después de algunas acciones menores, en 1779, fue
embarcado en el "Concepción", formando
parte de la escuadra del Almirante Luis de Córdoba.
Tuvo una acción destacada cuando, frente al Cabo
Santa María, esa escuadra sorprendió a un
convoy británico de 55 naves con un valioso botín.
En agosto de 1781, participó de la expedición
española dirigida hacia la reconquista de Menorca,
en las Baleares, posición defendida por los ingleses
desde la fortaleza de Mahón. A sus puertas, resolvió
una audaz operación de desembarco y, luego, tomó
por asalto dos navíos enemigos cargados de víveres
y municiones.
En mérito a esa acción, obtuvo el grado
de Teniente de Fragata. Consolidada la conquista de Menorca,
participó del bloqueo a la plaza de Gibraltar.
Por sus méritos, en marzo de 1782 fue ascendido
a Teniente de Navío. Cumplió una breve misión
en las costas berberiscas de Tánger y, de regreso
en Cádiz, pudo intervenir en la magnífica
empresa de la alianza franco-española, dirigida
a recuperar el peñón de Gibraltar.
Fue aquélla una gran batalla, que, si bien terminó
en desastre para los aliados, le permitió a Liniers
un brillante desempeño, reconocido como heroico
por el Almirante Luis de Córdoba.
El 21 de diciembre del mismo año, fue promovido
a Capitán de Fragata. En febrero de 1783, en Málaga,
contrajo matrimonio con Juana Úrsula de Membielle
y de esa unión nació su primogénito,
llamado Luis de Liniers y Membielle.
Entre los años 1785 y 1788, acompañó
al prestigioso astrónomo y cartógrafo español
Vicente Tofiño de San Miguel en sus viajes de estudios
para realizar el primer gran atlas marítimo de
las costas españolas, islas Azores y adyacentes.
Las escasas oportunidades que por entonces le ofrecía
Europa para desarrollar su carrera forzaron a Liniers
a aceptar la posibilidad de trasladarse a las colonias
españolas en América.
Su nuevo destino fue el apostadero del Río de la
Plata. Se embarcó con su familia en la isla de
León, en septiembre de 1788; en diciembre, arribaron
a Montevideo.
Se desempeñaría como segundo comandante
de la Armadilla del Río de la Plata. Para entonces,
la Corte alertaba al Virrey sobre el aumento de armamento
de Inglaterra y la consecuente necesidad de reforzar las
defensas en los puntos vulnerables de su jurisdicción.
A ello obedecieron las obras que se iniciaron en Montevideo
y el plan que elevó Liniers advirtiendo acerca
de la necesidad de complementar esa línea defensiva
con un adecuado apoyo naval.
El año 1790 fue de enorme pesadumbre para Liniers.
Fallecieron su esposa, Juana Úrsula, y su pequeña
hija. Liniers se instaló entonces en Buenos Aires,
donde se casó, en julio de 1791, con la joven María
Martina de Sarratea.
Al año siguiente, fue ascendido al grado de Capitán
de Navío. Después de que fracasara la empresa
comercial que llevaba adelante en sociedad con su hermano,
el conde de Liniers, decidió retomar la carrera
militar en 1796.
Su nuevo destino fue el apostadero de la Real Armada de
Montevideo. Durante algunos años, tuvo el mando
de las lanchas cañoneras que patrullaban las costas
para proteger los barcos de cabotaje del ataque de los
navíos ingleses que solían merodear las
aguas del Río de la Plata.
Pero su situación económica se fue deteriorando
sensiblemente; recién iniciado el nuevo siglo,
con una prole numerosa, debió requerir al Virrey
un cargo más redituable.
En octubre de 1802, del Pino lo designó interinamente
gobernador político y militar de los 30 pueblos
de las misiones guaraníticas. Previo a la partida,
buscó asesoramiento sobre las características
de su nuevo destino con el dominico Julián Perdriel.
Ideó entonces un plan de defensa de los pueblos
de las misiones para aplicarlo en caso de que se produjera
una invasión portuguesa. En marzo de 1803, arribó
con su familia a la Candelaria.
En una copiosa correspondencia dirigida al virrey del
Pino, Liniers señaló, desde el comienzo
de su gestión, la existencia de numerosos problemas
por resolver, debido a la desidia en que permanecían
aquellos dominios, y su preocupación por superarlos.
La precaria defensa de esos territorios frente a la expansión
lusitana mereció todo su empeño. Observó
y trató de subsanar también la falta de
asistencia sanitaria para los pobladores y naturales,
la explotación de éstos, su hambre y desnudez,
la carencia de instrucción, etc. No recibió
estímulo ni apoyo alguno, pese a sus reclamos,
y tampoco fueron atendidas sus necesidades económicas
elementales. Para entonces, tenía una numerosa
descendencia y no había cobrado la totalidad de
sus sueldos.
El carácter interino de su cargo permitió
que fuera reemplazado, sin atención a sus méritos,
en marzo de 1803, por Bernardo Velasco. Esta resolución
llegó a su conocimiento recién en el mes
de septiembre, cuando, apremiado por su precaria situación
familiar, solicitaba al Monarca algún destino donde
pudiese continuar con sus servicios.
Cumplidas las formalidades del relevo, partió hacia
Itapuá en octubre de 1804. Arribó el día
13; desde allí, a bordo de la sumaca "Nuestra
Señora del Pilar", inició una penosa
travesía hacia Buenos Aires. Una grave enfermedad
asoló la nave y cobró la vida de su joven
esposa, de una de sus hijas y de una joven esclava que
los servía. En mayo de 1805, regresó al
Río de la Plata con sus ocho hijos.
Por entonces, en la capital crecía la amenaza de
un inminente ataque inglés. El virrey Sobremonte
dispuso algunas medidas precautorias, entre las cuales
incluyó el armado de una flotilla a cargo de Liniers.
Ésta debía custodiar las costas y asegurar
la libre navegación entre Montevideo y Buenos Aires.
Comenzó entonces a protagonizar los hechos más
trascendentes de su vida profesional y más caros
a nuestra historia. El 25 de junio de 1806, desembarcó
en las costas de Quilmes una fuerte expedición
inglesa al mando de William Carr Beresford. Se dirigió
a tomar la capital sin encontrar resistencia. Sólo
Santiago de Liniers, al mando del fuerte de la Ensenada
de Barragán, pudo detenerlos momentáneamente
con un breve tiroteo.
Organizó la "Reconquista" desde Montevideo
y, con aproximadamente 1.300 hombres, desembarcó
en Tigre y avanzó, con el apoyo popular, hacia
Buenos Aires. Intimó al enemigo rendición,
la que se produjo el 12 de agosto. Dos días después,
se supo que el virrey Sobremonte acudía desde Córdoba
en auxilio de la ciudad, ya libre. En tanto, se reunió
un cabildo abierto que decidió pedir al Virrey
que delegara en Liniers el mando militar del virreinato.
Este reconocimiento general del gran desempeño
de Liniers llegó a la Corona, que lo nombró
Brigadier de la Armada.
De inmediato, comenzaron los preparativos para poder enfrentar
una nueva invasión. Se organizaron batallones y
compañías separados por castas y provincias
y se designaron oficiales con la aprobación de
las tropas. En pocos meses, se movilizaron más
de 8.000 hombres, se organizó la maestranza, se
construyeron baterías y se disciplinó a
la tropa.
A comienzos del año siguiente, los británicos
tomaron Montevideo y, entrado el invierno, dirigieron
un nuevo ataque a la capital del virreinato.
El centro de la resistencia fue la Plaza Mayor. Toda la
población se unió a las tropas y participó
de la encarnizada lucha que se libró en las calles
de la ciudad. El 6 de julio, Whitelocke capituló,
aceptando el ofrecimiento de Liniers.
En ese mismo año, Liniers fue designado virrey
en forma provisoria; meses después, fue confirmado.
Hizo manifiesta su negativa a reconocer a José
Bonaparte como rey de España. Sin embargo, eso
no impidió que una conspiración en su contra,
fundamentada en su condición de francés,
lo llevara a solicitar a la Junta Central de Sevilla un
sucesor para su cargo y a declinar, entre tanto, su autoridad
en la Audiencia. Si bien a instancias del Ejército
y del vecindario más destacado retomó la
presidencia de ese tribunal, la Junta Central, accediendo
a su solicitud, nombró para reemplazarlo a Baltasar
Hidalgo de Cisneros.
En virtud de la real orden del 13 de febrero de 1809,
Liniers se hizo acreedor al título de conde de
Buenos Aires, de una elevada pensión y de la propiedad
de tierras que heredarían sus hijos y sucesores;
de esa manera, la Junta Central premiaba los méritos
y el desempeño que Liniers había alcanzado
como virrey. Los acontecimientos revolucionarios de mayo
de 1810 lo sorprendieron en Córdoba, en viaje ya
de Tucumán a la península.
En Córdoba, las autoridades, con excepción
del deán Funes, habían decidido desconocer
a la Junta de Mayo y exhortar a los gobiernos dependientes
(La Rioja y Cuyo) a tomar la misma actitud. Liniers, por
su parte, solicitó refuerzos a Perú y Montevideo,
los cuales no le fueron remitidos. Desconfiando de las
tropas cordobesas, trató entonces de marchar al
Perú con los pocos leales a la Corona que todavía
quedaban y organizar allí un ejército para
someter a los rebeldes de Buenos Aires.
La Junta Provisoria, convencida de que los responsables
del conato ponían en grave peligro a la revolución,
resolvió castigarlos severamente.
Sólo permanecían junto a Liniers 28 oficiales,
en su mayoría europeos, por lo que no le quedó
ya más recurso que la fuga. El Coronel Antonio
González Balcarce, a la cabeza de 300 hombres,
fue comisionado para perseguirlos y los alcanzó
en los bosques que rodeaban el camino a Córdoba
y Santiago del Estero. La Junta dispuso que los prisioneros
fueran pasados por las armas; destacó al doctor
Castelli y a los comandantes French y Juan Ramón
Balcarce para cumplimentar la orden. El lugar de la ejecución
fue un pequeño bosque llamado Monte de los Papagayos,
distante dos leguas de la posta Cabeza de Tigre. Salvo
el obispo de Córdoba, Rodrigo Antonio de Orellana,
beneficiado con un perdón de último momento
en mérito a su jerarquía eclesiástica,
fueron arcabuceados Santiago de Liniers, Juan Gutiérrez
de la Concha, el Coronel Allende, el Oficial Real Joaquín
Moreno y el doctor Victorino Rodríguez. Inhumados
primeramente en la iglesia de Cruz Alta, los restos de
Liniers fueron más tarde trasladados a Cádiz,
donde descansan en el mausoleo del Panteón de los
Marinos IIustres de San Carlos.
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